Memorabilia


No me gusta la rima ni la melodía; no sé bailar
nací muy cansado como para salir bailando de la nada
pero puedo maniobrar mi caída al suelo
para disimular un ataque de nervios, de vida y de sol
un ataque de océano agravando la marea en mi sangre
(mientras en la lejanía) un mambo
dando tumbos a tropezones se le salen las frutas
y no soy nada, soy danza

Torpe me arrimo a esa calle rota
donde nacimos espuma, diáfanos
jugando a las escondidas y al exilio
donde las brujas invierten su magia para prender inciensos
y un jazz suena ebrio de madrugada hasta perder los colores
donde un perro Gran danés desordena todas sus manchas
con cadencia y rabia, y los relojes babean leche de sombra
y simulábamos ser felices
a media cuadra el mar agitando todos sus hechizos
llegando un otoño hallowinesco, de postal, disléxico
derramando la piel de las hojas
alborotando la diáspora de los atardeceres
alterando la alquimia del salitre y la nostalgia

La cena maldita del alba, donde están servidas las escenas
las azucenas decoradas de polvo
los fantasmas bebiendo del llanto amorfo de las piedras
cómplices de todo júbilo y de todo crimen
mientras organizan mi primer colapso
entre los acuerdos rotos del viento
la ravenala palpitando
(bombeando a machetazos la luz)
y entre la hojarasca desafiando la forma precisa de la belleza
no hemos vuelto a saber de nosotros


Jonatán Reyes

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